La elegía

 

 

1.- Características, evolución y métrica del género

La elegía, como otros tantos géneros literarios, nació en Grecia.

Sus primeras manifestaciones fueron populares, se recitaban o cantaban con acompañamiento de flauta, estaban compuestas en dísticos elegíacos y tenían carácter doloroso (lamentaban la muerte de algún pariente). De ahí su nombre, derivado del verbo griego ἐλεέω (apenarse, apiadarse).

En el siglo VII a.C. aparece la elegía literaria, que mantiene en gran medida las características de la elegía popular, pero amplía su temática. Sus primeros cultivadores, los poetas griegos Calino y Tirteo, la emplearon para exaltar el valor guerrero.  Posteriormente, en la época helenística (siglo III a.C.), los poetas alejandrinos le dieron una temática amorosa no subjetiva: no cantaron sus relaciones amorosas, sino las de personajes mitológicos.

Las primeras elegías de la literatura romana (siglo I a.C.) están influidas por las alejandrinas y fueron cultivadas por los llamados poetas neotéricos - vεώτεροι - , entre los que destaca Catulo. Los poetas de la época de Augusto mantendrán la temática amorosa del género, pero lo utilizarán para expresar sentimientos propios. Entre estos poetas destacan Galo, Tibulo, Propercio y Ovidio. Este último, además, empleará la elegía para expresar su dolor y desesperación en el destierro.

Como se puede ver, la elegía literaria fue cambiando temáticamente con el tiempo, pero siguió reflejando el mundo interior de una persona, sea éste el poeta o un tercero, y con frecuencia late en ella un poso de amargura, tristeza o/y reflexión vital que coincide con el que presentaba la elegía popular de la que nació.

En cuanto a la métrica, como ya se ha comentado, la elegía se caracteriza por emplear el dístico elegíaco.  El dístico es una estrofa compuesta por dos versos,  un hexámetro y un pentámetro dactílicos. El hexámetro está formado por seis dáctilos ( _ UU ) que en los cuatro primeros pies pueden ser sustituidos por espondeos (_ _ ). El pentámetro está formado por dos hemistiquios separados por una cesura ( || ). Cada hemistiquio está integrado por dos pies y medio, que en el primer hemistiquio pueden ser dáctilos o espondeos y en el segundo son necesarimente dáctilos.

De acuerdo con lo dicho el esquema métrico del dístico sería el siguiente:

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2.- Cayo Cornelio Galo (69-26 a.C.)

Galo nació en el 69 a.C. en Fréjus (Galia). Fue amigo de Virgilio y luego de Augusto, al que apoyó en la guerra civil contra Antonio. Fue nombrado gobernador de Egipto, pero su comportamiento megalómano y su escasa eficacia administrativa hicieron que fuera depuesto y cayera en desgracia (sus bienes fueron confiscados y él acabó en el exilio). Incapaz de asumir su nueva situación se suicidió en el 26 a.C.

La obra de Galo estaba integrada por 4 libros de elegías, de los que no se conserva nada. Sabemos por referencias que en ellas cantaba sus amores con Lycoris, seudónimo bajo el que se oculta Cytheris, una liberta de la que estaba enamorado. La utilización de un nombre ficticio para aludir a la amada era una convención literaria a la que recurrían los poetas líricos y elegíacos. Supuestamente así preservaban la identidad y el honor de su amante, aunque en realidad todos supieran de quién se trataba. Esa convención exigía que el seudónimo tuviera la misma escansión que el nombre real (Lycoris= U_U y Cytheris = U_U, Clodia=_UU y Lesbia=_UU,...).


 

3.- Albio Tibulo (58? - 19?a.C.)

Albio Tibulo nació en Gabios (Lacio) en torno al 58 a.C. Se educó en Roma, ciudad que pronto se convierte en su residencia habitual. Allí conoce a Valerio Mesala Corvino, general, orador y protector de las letras, personaje que llegará a ser uno de sus mejores amigos. Albio lo acompañó en algunas expediciones militares, incluida la batalla de Accio, en la que luchó del lado de Augusto contra M. Antonio. Murió joven, tal vez el mismo año en que falleció Virgilio (19 a.C).

Horacio

La tradición atribuye a Tibulo una colección de 36 elegías distribuidas en tres libros. Sin embargo, la crítica actual sólo reconoce como tibulinas las composiciones de los dos primeros libros - 16 elegías en total -. Los poemas del tercer libro seguramente tendrían como autor a algún poeta del círculo de Mesala.

La mayor parte de las elegías de Tibulo están dedicadas a dos de sus amantes, Delia y Némesis. Delia es la protagonista de las elegías del primer libro y representa para Tibulo un amor tranquilo, reposado; en cambio Némesis, la protagonista del segundo libro, supone todo lo contrario, una relación turbulenta, llena de quejas, celos, reconciliaciones,...

Algunas elegías, las menos, abordan otros temas, como el campo, la tranquilidad, el hogar,...

Tibulo es el mejor de los elegíacos latinos. Se ha dicho que es el Virgilio de la elegía  por la delicadeza de sus sentimientos, y por su estilo sencillo, directo.  En efecto su poesía huye de las citas eruditas  (Propercio) y de las agudezas de ingenio (típicas de Ovidio) que, más que realzar el sentimiento amoroso, lo enmascaran.


 

4.- Sexto Propercio (50? - 15?a.C.)

Propercio nació en la región de Umbría, tal vez en Asís, poco después que Tibulo (50? a.C.). Cuando aún era muy joven - a los 16 años aproximadamente -, su familia sufrió las confiscaciones de tierras que conllevaron las guerras civiles y se vio obligada a trasladarse a Roma. A pesar de las oportunidades políticas y económicas que esta ciudad ofrecía, Propercio prefirió dedicarse a lo que más le gustaba, los estudios literarios y la poesía. Sus primeras composiciones llamaron la atención de Mecenas, que terminó integrándolo en su círculo literario. En torno al 15 a.C., cuando su fama estaba en el punto más alto, Propercio, que tenía una naturaleza enfermiza, murió.

Escribió cuatro libros de elegías. Los tres primeros están dedicados a su amada Cynthia, cuyo verdadero nombre, al parecer, era Hostia.  Según se desprende de la lectura de estas elegías, las  relaciones de Propercio con su amante fueron tormentosas. El libro cuarto fue compuesto tras la muerte de Hostia y está integrado por las llamadas Elegías nacionales. Estas elegías abandonan la temática amorosa y se centran en la patriótica cantando episodios de la historia de Roma ( la leyenda de Tarpeya,...). Con las Elegías nacionales Propercio - no olvidemos que pertenecía al círculo de Mecenas, el "ministro de cultura" de Augusto - pretende colaborar con el programa de renovación y exaltación nacional patrocinado por el emperador.

El estilo de Propercio es rebuscado (fuerza el lenguaje ampliando el significado y uso de algunas palabras) y erudito (recurre a muchas citas y alusiones cultas). Su obra, por tanto, conjuga características de lo que luego fue el conceptismo de la literatura barroca española y no resulta fácil de leer.


 

5.- Publio Ovidio Nasón (43 a.C.- 17 d.C.)

Nació en Sulmona en el año 43 a.C., el mismo año en que murió Cicerón.  Estudió en Roma, aunque sus intereses eran otros: sólo le gustaba la poesía y, como él mismo confiesa, todo lo que intentaba escribir le salía en verso. A estos efectos es muy ilustrativa la anécdota acerca de la promesa que hizo a su padre - "Iuro, iuro, pater, numquam componere versus" -, promesa que paradójicamente constituye un perfecto hexámetro. Finalmente el padre terminó aceptando la vocación del hijo y Ovidio pronto se convirtió en el poeta más popular de Roma. En el apogeo de su gloria y sin que se conozca aún con certeza el motivo - haber mantenido relaciones con Julia, la hija de Augusto?, ¿el carácter poco edificante de alguna de sus obras? - fue desterrado por el emperador al Ponto, una región bárbara a orillas del Mar Negro. Allí murió el año 17 d.C., tras nueve años de destierro.

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Ovidio es uno de los poetas más prolíficos de la literatura romana. Su inmensa obra ha dado muchos quebraderos de cabeza a la crítica, que ha intentado sin mucho éxito encuadrarla dentro de los géneros tradicionales. Y es que, si se atiende al metro, toda su producción, salvo Las Metamorfosis compuesta en hexámetros, sería elegíaca. Pero si atendemos al contenido, su obra participaría además de otros géneros: didáctico, epistolar, épico,... Por ello, la mejor clasificación es la que agrupa sus obras siguiendo un criterio puramente cronológico o de madurez poética.       

 

Obras de juventud (temática generalmente amorosa)

Amores, en tres libros. Ovidio canta sus amores con  una tal Corina. Su estilo es brillante, pero sin profundidad de sentimientos. Da la impresión que se trata de un juego, una ficción poética, sin correspondencia con la realidad.

Heroidas. Es un conjunto de cartas amorosas ficticias dirigidas por famosas heroínas a sus amantes: Penélope a Ulises, Dido a Eneas,...  Se ha dicho, además, que el poeta, bajo el nombre de las heroínas, retrata a las mujeres más ilustres de la época de Augusto.

"Ars amandi" o Arte de amar, en tres libros. Es un tratado completo sobre el arte de buscar a la persona adecuada, seducirla y conservar su amor.

 

Obras de madurez (carácter didáctico)

Las Metamorfosis. Es el poema más importante de Ovidio y el único compuesto en hexámetros. Consta de 15 libros en los que se narran las cambios de forma que sufrieron todo tipo de seres mitológicos. A pesar de la diversidad de episodios que nos narra, la obra no es un centón de historias independientes. En cuanto al estilo, Ovidio brilla por su habilidad narrativa y descriptiva, habilidad que dio a esta obra gran fama y que ha hecho que sirviera de inspiración a escritores, pintores, escultores y músicos.

Fastos. Es una obra ambiciosa, pero inacabada por razón del exilio (solamente la componen 6  libros cuando el plan inicial eran 12, uno por cada mes).  En ella se pasa revista a las fiestas religiosas y nacionales del calendario romano. 

 

Obras del destierro (elegías dolorosas)

"Tristia" (5 libros) y "Ponticae" (4 libros). Estas dos obras están formadas por cartas poéticas escritas desde el exilio. En ellas Ovidio, ahogado por la añoranza y la tristeza, pide perdón por sus errores y solicita a sus amigos y a su esposa que intercedan ante Augusto.

 

Cum subit illius tristissima noctis imago

quae mihi supremum tempus in urbe fuit

cum repeto noctem qua tot mihi cara reliqui

labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.

(Tristia I, vs.1-4)

 



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